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domingo, 26 de abril de 2009

Semántica del discurso: la variable género. Una investigación sobre el sexismo semántico. Artículo de Mª Azucena Penas Ibáñez

En español existen estudios lingüísticos sobre sexismo léxico y sintáctico, sin embargo, son todavía muy escasos los estudios sobre sexismo semántico y pragmático. Hace 5 días se ha publicado en la revista electrónica LinRed-Lingüística en la Red (una publicación impulsada por el Departamento de Filología y del Área de Lengua Española de la Universidad de Alcalá), un interesante artículo que trata estos últimos aspectos y cuya autora es Mª Azucena Penas Ibáñez, Profesora Titular de Lengua Española de la Universidad Autónoma de Madrid. Además, la completa bibliografía que contiene el propio artículo es de sumo interés para quienes quieran profundizar en las relaciones entre género y lenguaje.
Estamos a la espera de la reacción de la Real Academia -quien todavía no reconoce el término género nada más que para referirse a género gramatical- para ver cómo designa y clasifica este tipo de estudios lingüísticos, cada vez más abundantes en el campo filológico.
La referencia bibliográfica es la siguiente:

Penas Ibáñez, Mª Azucena. "Semántica del discurso: La variable género. Una investigación sobre el sexismo semántico". Revista electrónica LinRed-Lingüística en la Red. Núm. 6, Año VI. 21-04-2009. http://www.linred.com/articulos_pdf/LR_articulo_07042009.pdf

Resumen (extraído del propio artículo):

El presente artículo, siguiendo la corriente investigadora de la Sociolingüística feminista en América del Norte (EE.UU., Québec y Montréal), estudia, desde el lenguaje de género, el sexismo lingüístico, tanto sintáctico como léxico, su caracterización gramatical, y aporta como novedad el estudio del sexismo semántico aplicado a cinco variantes discursivas, con estrechos lazos culturales entre ambas orillas (española; atlántica: argentina, panameña, mexicana; y mediterránea: marroquí), con el fin de ver cuáles son los universales antropológicos que el análisis pragmático y textual ofrece a través de tres principios semánticos: 1. el significado implícito por inferencia; 2. la oposición de antónimos explícitos: sintagmáticos y paradigmáticos; 3. el contraste o antítesis de términos homónimos y polísemos.

El procedimiento de reconstrucción de significado que se ha seguido es el siguiente: a. significado implícito inferencial → b. oposición de antónimos explícitos sintagmáticos → c. contraste o antítesis entre diferentes significados de términos homónimos → d. contraste o antítesis entre diferentes acepciones de términos polísemos → e. oposición de antónimos explícitos paradigmáticos.

Palabras clave: sexismo semántico, lenguaje de género, sociolingüística del discurso, significado implícito, antonimia, homonimia, polisemia.

domingo, 20 de julio de 2008

Escritos al oído de John Cage. Si la palabra música...

PARA HACER MÚSICA

"Si la palabra música se considera sagrada y reservada para los instrumentos de los siglos dieciocho y diecinueve, podemos sustituirla por otro término más significativo: organización de sonido".

CREO QUE EL USO DEL RUIDO

"Donde quiera que estemos, lo que oímos más frecuentemente es ruido. Cuando lo ignoramos, no molesta. Cuando lo escuchamos, lo encontramos fascinante. El sonido de un camión a cincuenta millas por hora. La estática entre emisoras. La lluvia. Queremos capturar y controlar esos sonidos, y usarlos no como efectos sonoros sino como instrumentos musicales. Todo estudio cinematográfico tiene una bibilioteca de 'efectos sonoros' grabados en cinta. Con un fonógrafo de cinta ahora es posible controlar la amplitud y la frecuencia de cada uno de estos sonidos y darles ritmos dentro o más allá del alcance de la imaginación. Con cuatro fonógrafos de cinta podemos componer e interpretar un cuarteto para motor de explosión, viento, latido del corazón y corrimiento de tierras".

John Cage: Escritos al oído. El futuro de la música: Credo.

sábado, 5 de julio de 2008

¿Por qué el toro?


Imponente, soberbio, suficiente
amo y señor, y dueño y admirado,
poderosa presencia, testuz libre,
la plaza entera te aclama como héroe
con sólo entrar al trapo.

Madre que miras en tu hijo al mito
egregio, altivo, digno, señalado,
raíz desarraigada de la tierra,
sin ataduras libre, liberado.

¿Quién admira a la vaca
que observa con ojo escrutador, necesitado,
buscando a gritos amo
a quien saciar de leche
y dar aliento?

María Jesús Lamarca Lapuente

martes, 24 de junio de 2008

Cuando las gallinas achantan al gallo y el femenino se convierte en el término genérico

Los gramáticos y los académicos insisten hasta la saciedad afirmando que en castellano el término en masculino o término no marcado se usa como genérico, y que en el caso de que se trate de seres animados y personas, sirve tanto para designar a las del sexo femenino como a las del masculino. Sin embargo, vamos a ver que no siempre es así.

Tomemos los siguientes ejemplos:

Aquellas gallinas picotean en el patio. (Utilizamos el término femenino como génerico, sin embargo, no todos los animales tienen por qué ser hembras, también puede haber gallos).

Aquellas vacas pastan en la ladera. (En castellano es perfectamente posible aludir a este grupo de animales mediante el femenino, sin descartar la posibilidad de que existan también toros en el grupo. Esta misma expresión no se utilizaría si se tratara de un grupo compuesto sólo de toros).

Además puede utilizarse la expresión vaca macho como glosa reflexiva o metalingüística de todo; en cambio, la misma expresión no se emplearía si se tratara de un grupo compuesto sólo de toros (contra lo que ocurre en caballo/yegua donde el término *yegua macho es contradictorio en sí misma, lo mismo que toro hembra).

Tampoco puede decirse correctamente aquella vaca es un toro, frente a la posibilidad de expresar aquel caballo es una yegua, excepto, en situaciones en las que aquella vaca se construya para significar algo así como aquel animal que Vd. ha tomado (incorrectamente) por una vaca.

La palabra toro es marcada (marcación formal) en relación con vaca, gallo en relación con gallina y carnero u oveja macho en relación a oveja u oveja hembra. ¿Cuál es la razón de que en este caso los términos marcados sean los masculinos y se utilice el femenino como genérico?

A pesar del título tan provocativo que le hemos puesto a esta entrada, no es que las gallinas achanten al gallo, sino que se trata de que son mayoría. Como la parte más numerosa del ganado suele estar compuesta de hembras, los granjeros y tratantes de ganado se refieren en la forma femenina a cierto tipo de ganado y a determinados animales domésticos de granja. De esta forma la estructura léxica del castellano (y también de otras lenguas, como el inglés) acoge el femenino como norma no marcada y lo utiliza como término genérico.

Según John Lyons y su Semántica, el manual imprescindible para cualquier estudiante de Lingüística, de quien he tomado este ejemplo y que ha sido la base para elaborar todo este artículo: "Cualquiera que sea el motivo, la cuestión teóricamente importante es que, en la lexicalización de la distinción sexual, el lexema semánticamente marcado es el que denota el macho en ciertas especies y, en otras, el que denota la hembra. Esto repercute en el análisis componencial en cuanto a que un rasgo simple de dos valencias de más/menos macho o más/menos hembra no puede generalizarse a todo el vocabulario de la lengua."

Y sigamos con Lyons, aunque he hecho una adaptación muy muy libre para adecuarlo a los ejemplos castellanos.

Más marcado aún que vaca en relación a toro es hombre, en relación con mujer.

En inglés man y woman son únicos entre los nombres comunes cuantificables debido a que pueden utilizarse en singular como expresiones referenciales genéricas, sin necesidad de recurrir a ningún determinante. Man suele emplearse mucho más que woman en este sentido. Entonces, man resulta no marcado cuando aparece en singular en una expresión referencial genérica: It is man that is responsible for change climatic (El hombre es responsable del cambio climático), donde la referencia de la expresión man puede construirse con inclusión o exclusión de las mujeres. De manera análoga ocurre con el plural inglés men en tanto que expresión referencial genérica: Men have lived on this land for ten thousand (Los hombres llevan miles de años viviendo en esta tierra).

El castellano utiliza el término hombre en singular como expresión referencial genérica, pero tiene que echar mano del determinante, como hemos visto en: El hombre es responsable del cambio climático, Los hombres llevan miles de años viviendo en esta tierra.

Sin embargo, en la mayoría de los otros tipos de expresiones -o en todas las demás- man (en el caso del inglés) y hombre (en el caso del castellano) en un empleo referencial o predicativo, no aparecen como hiperónimos (término que incluye a otro) de woman y mujeres, respectivamente. No puede decirse con propiedad That man is a woman o Aquel hombre es una mujer (excepto en el mismo caso que antes indicábamos para esta vaca es un toro).

Si hombre se considera no marcado con relación a mujer, debe admitirse que esto solo ocurre en circunstancias muy restringidas, puesto que no se empleará normalmente la expresión aquellos hombres, sino aquellas personas/aquella gente (de allí) para referirse a un grupo que incluya a una o más mujeres. Si hombre se considera no marcado con relación a mujer, debe admitirse que esto sólo sucede en circunstancias muy restringidas.

La oposición léxica:

El sentido de un hipónimo puede analizarse como el producto del sentido de su hiperónimo y el de algún modificador sintagmático de este. Por ejemplo: libro, libro grande, libro rojo grande, etc. con lo que podemos ser tan específicos y precisos al describir personas, objetos, actividades, etc. como lo requieran las circunstancias en la medida en que lo permita el rasgo específico de la productividad. Este fenómeno está también relacionado con la productividad semántica.

Suele ocurrir en el comportamiento lingüístico que los opuestos no graduables pueden, en ocasiones, aparecer explicítamente graduados.

Un par de antónonimos normalmente no graduables se pueden graduar a fin de evitar que sean interpretados como contradictorios. Hombre y mujer son ejemplos típicos. Normalmente actuamos en el supuesto de que todo ser humano arbitrariamente escogido es hombre o mujer (y no ninguna de las dos cosas o una mezcla de ambas), pero debemos admitir asimismo que hay ciertas personas que no se clasifican satisfactoriamente dentro de esta oposición sí/no entre hombre y mujer. Podemos decir, por ejemplo, X no es completamente hombre o bien X es más hombre que mujer. Pero en estos casos estamos modificando el sistema lingüístico, aun cuando sólo sea temporalmente. (¡Qué útil le hubiera sido a Lyons el concepto de género no gramatical!).

Los opuestos no graduables como hombre y mujer se denominan complementarios. Esto deja en libertad los términos contradictorios y contrario para su empleo en el sentido que les han dado los lógicos.

La oposición binaria es uno de los principios más importantes que gobiernan la estructura de las lenguas (alto/bajo, arriba/abajo), aunque hay otros contrastes no binarios como los días de la semana (lunes, martes, miércoles, jueves,...), la hiponimia y la hiperonimia, etc. (vaca es hipónimo de animal), etc.

En general, se pueden reconocer 3 tipos de oposición léxica: la antonimia (alto/bajo), la complementariedad (hombre/mujer) y la inversión (esposo/esposa).

En muchas lenguas, incluido el castellano, los opuestos más comunes tienden a carecer de relación morfológica (bueno/malo, feo/bonito, viejo/joven, grande/pequeño, etc.), sin embargo, su número es inferior al de los pares morfológicos relacionados (capaz/incapaz, legítimo/ilegítimo, etc.). En estos casos, la forma básica de cada uno de los miembros del par se deriva de la forma básica del otro por medio de la adición del prefijo. Así pues, en el vocabulario, una palabra puede relacionarse tanto con una palabra morfológicamente relacionada, como con otra sin una relación morfológica.

Marcación formal:

Se dice de las palabras castellanas: león/leona, conde/condesa, que son complementarios morfológicos o formalmente afines (cada par). Las formas del segundo elemento (leona, condesa) de cada par presentan un sufijo del que carecen las formas del primer elemento (león, conde) y este sufijo constituye una marca formal de la oposición (un miembro del par de opuestos está caracterizado por la presencia y el otro por la ausencia). Así pues, los lexemas (leona, condesa) están formalmente marcados para la oposición, en contraste con los miembros no marcados de cada par, que no presentan el sufijo.

La marcación formal está en estrecha correlación aunque no de un modo invariable, con una diferencia en la distribución, en el sentido de que el término marcado de la oposición tiende a ser distribucionalmente más restringido (esto es, el femenino aparece en un ámbito contextual menor) que el término formalmente no marcado (el masculino). De cualquier forma, el criterio de la restricción distribucional es independiente de la marcación formal en sí misma y puede aplicarse igualmente a lexemas formalmente no relacionados.

Es un hecho en la estructura de las lenguas, que cuando una oposición se caracteriza por la marcación formal, el término formalmente marcado queda excluido de los contextos neutralizados. De ahí que el reconocimiento de esta correlación general entre marcación formal y distribución haya provocado la extensión de los términos marcado y no marcado en un sentido puramente distribucional, a pares de lexemas formalmente no relacionados. Sin embargo, aquí se ocultan dos propiedades distinguibles y que el uso del término marcación para ambos puede inducir a confusión.

Tomemos en consideración los pares león/leona y conde/condesa. El segundo elemento de cada par (leona, condesa) aparece formalmente marcado y el primero, formalmente no marcado. Pero los dos pares difieren con respecto al criterio de la restricción o neutralización distribucional.

León ofrece una distribución más amplia que leona:

  • león macho (distribución aceptable
  • león hembra (distribución aceptable)
  • leona macho (no aceptable por contradicción)
  • leona hembra (no aceptalbe por tautología).

En contextos similares, la oposición entre conde/condesa no se neutraliza, puesto que las colocaciones de conde mujer y condesa varón son contradictorias, mientras que conde varón y condesa mujer son tautológicas:

  • conde varón (no es aceptable por tautología)
  • conde mujer (no es aceptable por contradicción)
  • condesa varón (no es aceptable por contradicción)
  • condesa mujer (no es aceptable por tautología)

Se puede, por tanto, establecer una distinción entre marcación formal y marcación distribucional. Cuando ambos tipos de de marcación son pertinentes, tienden a coincidir (como en león/leona) pero existen otros muchos lexemas formalmente marcados que no lo son desde el punto de vista distribucional (como en conde/condesa).

La marca distribucional está en correlación con la marcación semántica y, en muchos casos, puede decirse que está determinada por ella. Pero esto es, en principio, independiente de la marcación formal.

Un lexema semánticamente marcado tiene la particularidad de ser más específico en sentido que el correspondiente lexema semántico no marcado. Leona es más específico en sentido que león, del mismo modo que caballo/yegua con el que no presenta relación formal. Esto se debe a que leona y yegua únicamente denotan hembras, mientras que león y caballo pueden aplicarse, en muchos contextos, tanto a machos como a hembras, razón por la cual las colocaciones león macho, león hembra, caballo macho y caballo hembra son aceptables. En tales contextos, el contraste semántico entre león/leona y entre caballo/yegua queda neutralizado.

No obstante, en otros contextos, y sobre todo cuando los opuestos se emplean en una pregunta disyuntiva: ¿Es león o leona? o en una aseveración donde uno es predicado y el otro negado (Es un león, no una leona), el lexema no marcado asume un sentido más específico que resulta incompatible con el sentido inherentemente específico del lexema marcado.

Hay que decir que, mientras todos los lexemas semánticamente marcados son (en virtud de su sentido más específico) distribucionalmente marcados, lo contrario no es cierto. La oración María tiene un caballo, puede enunciarse para emitir una aseveración verdadera tanto si es macho como si es hembra el animal referido. Pero la proposición expresada por el enunciado Pepe ha comprado una casa grande, se consideraría falsa por lo general si la casa fuese en realidad una casa pequeña y no grande en relación con la norma relevante.

Este caballo ¿es caballo o yegua?, es una oración significativa aunque un tanto extraña. No se trata de un caso de polisemia, sino de una consecuencia directa de la marcación semántica. Ocurre como si la relación entre caballo y yegua no tuviera en cuenta el sexo de los caballos a menos que sean hembras. Pero no siempre es así, como hemos visto en el caso de las gallinas y de las vacas.

Cuando aparecen dos lexemas para una determinada especie de animal, y un lexema es semánticamente marcado y el otro no con respecto al sexo, la marcación no aparece forzosamente en el lexema que denota la hembra, como sucede con león/leona, tigre/tigresa y, en general, con todos los pares de palabras semánticamente marcadas que denotan animales no domésticos.

Así pues, cuando las gallinas son mayoría, el gallo ni pía.

Bibliografía:

Lyons, John. Semántica. Barcelona, Teide, 1980.

domingo, 22 de junio de 2008

Este miembro es miembro o miembra. Razones semánticas para usar miembra

Adentrándonos en la semántica del término miembro/miembra

Vamos a analizar aquí los problemas semánticos que presentan los términos sustantivos comunes en género que se refieren a personas o a seres animados sexuados.

Tomemos los ejemplos siguientes:
  • Pérez, miembro del Patronato, intervino en la Asamblea.
  • Yo soy miembro de Ecologistas en acción.
  • Los miembros del Equipo médico se opusieron ferozmente a la propuesta del personal de enfermería.

En relación con las frases anteriores, cabe hacerse las siguientes preguntas 1. Los miembros anteriormente citados son ¿mujeres u hombres? 2. ¿Es necesario que el término miembro pueda especificarse y precisarse mejor? 3. ¿Lo puede hacer? 4. ¿Es posible hacerlo de una forma sencilla? 5. ¿Cómo lo puede hacer para que se trate de una construcción léxica gramaticalmente correcta? 6. ¿Cuál es la fórmula que habitualmente toman los sustantivos terminados en -o para dotar de una marca de género al femenino?

Respuestas:

  1. En los dos primeros ejemplos no se puede saber si se trata de una mujer o un hombre, y en el tercero, tampoco es posible determinar si el equipo médico está compuesto por miembros masculinos o femeninos.
  2. Cada vez más hablantes sí lo creen necesario y lo utilizan con conciencia de lo que significa el término. En primer lugar, porque lo usan para referirse a sí mismas (recordemos que la 7ª acepción del término dada por el DRAE es individuo que forma parte de un conjunto, comunidad o cuerpo moral -otro día le hincaremos el diente al término individuo, cuyo femenino despectivo tiene cola y tela semántica-). De esta forma, muchas hablantes se refieren a sí mismas como "Yo soy miembra de.../Somos miembras de..." y no como "Yo soy miembro de .../Nosotras somos miembros de..." conscientes de que las formas en masculino no las representan. Además, en el mismo campo semántico se encuentran términos como socio/a y afiliado/a y, por analogía a estos, el término miembro tiende a utilizarse desarrollando el sufijo en femenino. A esto se une que el propio sentido léxico de la palabra miembro implica hacerse, ser, sentirse parte de algo. Se podría pensar que bastaría con las formas: "Soy una miembro de la comisión/Somos unas miembros de la comisión" puesto que, además, son los formas aceptadas por la RAE para indicar que se trata de personas se sexo femenino. Sin embargo, la presencia del determinante hace que una propiedad transitoria o permanente se categorice y se adscriba a una clase en la que situarla: miembro de la comisión. Pero, a la vez que la inscribe en una clase, el artículo un/a sugiere una atribución valorativa. De esta forma, se buscará un término que no incluya esta valoración, pero que también indique que se trata de mujer y no de hombre. En relación a las palabras de su mismo campo semántico, el término miembro tiene, incluso, una mayor carga semántica en el sentido de pertenencia e identidad. No es lo mismo ser socio/a (individuo de una sociedad o agrupación de individuos), que afiliado/a (persona asociada a otras para formar corporación o sociedad), que miembro, este último término trae asociada una mayor carga semántica emocional de pertenencia e identidad no sólo a un grupo o comunidad, sino a un cuerpo moral. El diccionario de uso María Moliner, como suele suceder, da en el clavo al definir miembro y destacar los términos relacionados: 4. ("Hacerse; Ser"). Individuo perteneciente a una asociación o corporación: "Miembro de la Real Academia". (Sufijo, "-e": 'cofrade'. - V.: "INDIVIDUO. - *AFILIADO. *Socio". Individuo, comisión o delegación que forma parte de un congreso, asamblea, conferencia o reunión semejante. Sin embargo, la definición de la RAE es mucho más completa e interesante, al resaltar lo del cuerpo moral que, si bien suena un tanto anticuado, refleja con mayor precisión la carga semántica del término en el sentido de pertenencia e identidad, frente a otros como afiliado o socio, que no llevan esa carga tan fuerte de identidad y pertenencia. En segundo lugar, porque la utilización del plural miembros que es la forma normativa para referirse a un conjunto plural de individuos vale tanto para referirse a un grupo de personas compuesto única y exclusivamente por mujeres, como a un grupo de hombres exclusivamente, o a una mezcla de ambos. Sin embargo, cuando el grupo está integrado únicamente por mujeres, la norma obliga a utilizar la forma de género común miembros, pero las hablantes no se sienten identificadas plenamente con ella, y buscan otra forma para poner de manifiesto que se trata únicamente de mujeres. De esta manera, muchos colectivos y grupos sociales de mujeres vienen usando la palabra miembras desde hace varios años. En tercer lugar, porque muchas veces se quiere destacar que en algunas instituciones, comunidades o cuerpos morales que están, pues, compuestos por miembros, se produce un reparto desigual entre mujeres y hombres y la inexistencia de la forma en femenino impide poner de manifiesto este hecho, ya que la norma obliga a utilizar para el plural la forma miembros, con género gramatical común sin diferenciar ambos sexos.
  3. Sí, es posible hacerlo.
  4. Existe una forma muy sencilla y que se ha utilizado en otras muchas ocasiones a lo largo de la gramática histórica del castellano.
  5. Puede crearse un término para designar el género gramatical femenino a partir del lexema miembr-.
  6. Añadir un sufijo -a para marcar el género femenino: miembra.

La lexicalización de la distinción sexual en seres humanos y animales constituye un rasgo de importancia notable en la estructura léxica de las lenguas. Este fenómeno aparece con frecuencia en los manuales sobre la marcación semántica porque es uno de los más fáciles de describir con ejemplos, ya que la marcación es un tema muy complejo y controvertido y no existen estudios lo suficientemente descriptivos y concluyentes como para saber cómo opera realmente. En las oposiciones de tipo léxico opera el sentido entendido como (sentido léxico + categoría de género, número, categoría o clase de palabra, función, etc.) Pero en la semántica de muchas palabras influye el contexto oracional en el que se sitúan, de la misma manera que en la evolución semántica de una palabra intervienen otros elementos como el valor expresivo de la misma, el universo cultural en que se utiliza, etc.

En este blog, vamos a ponernos a estudiar el sentido para discernir si el caso miembro/miembra tiene otros antecedentes similares y a qué razones obedece su empleo incipiente por parte de las hablantes (nos referimos a su uso antes de la polémica aparecida en los medios, ya que a raíz de ella, se ha producido un uso masivo como despectivo. Ambos casos son dignos de estudio, el primero como hecho lingüístico y el segundo, creo yo, como un síntoma de patología social que espero se transforme en Teoría del conflicto como mecanismo para la transformación social).